EDUCACION SEXUAL - SEXO DE ASIGNACIÓN

 

 
La asignación de sexo tiene lugar en la etapa neonatal (momento del nacimiento), y se basa en la apariencia de los genitales externos, con vagina es niña, con pene y testículos es niño. Esto que parece tan simple, tiene grandes repercusiones en la vida de las personas. Nos encontraremos con actitudes diferentes por parte de los padres/madres, que dan lugar a una educación y comportamientos distintos según sea niño o niña, es decir, en función de su sexo de asignación. Hablamos de género, identidad de género o identidad sexual, como el resultado de los distintos comportamientos, roles de género o roles sexuales que adquieren los niños como niños y las niñas como niñas a lo largo de su desarrollo, en función de los modelos de aprendizaje que tienen a su alrededor, y este proceso diferenciador en cuanto al género se pone de manifiesto desde los primeros momentos de la vida, con la forma en que los padres/madres se comportan con sus hijos/as.

 

Las niñas suelen ser descritas como más dulces, tiernas, mientras que los niños como más fuertes, aunque no haya evidencias para hacerlo así. Por tanto, se les asignan distintos juguetes, distintas ropas y accesorios, se comportan de forma diferente ante ellos/as, con diferentes gestos, que les hacen ver que son diferentes en cuanto al sexo.

 

El niño y la niña se percatan de estas diferencias y ellos/as mismos/as se comportan de manera distinta. Por tanto, el sexo de asignación determina, en cierta medida, la diferenciación de la identidad de género o sexual, el hecho de verse como niño-hombre o como niña-mujer y de los roles de género o sexuales, aquellos comportamientos que son típicos de los hombres y los típicos de las mujeres.

 

Diremos que la identidad de género o identidad sexual (se usan indistintamente), es el resultado del juicio que cada individuo realiza acerca de su propio cuerpo y que hace que cada persona se identifique con alguien del sexo masculino o con alguien del sexo femenino, siendo en principio excluyentes. Nos identificamos con aquel al que nos parecemos y nos diferenciamos del otro sexo.

 

Por otro lado, el género que tiene una doble vertiente, la colectiva, que supone la adaptación de las personas a las expectativas sociales que se marcan para cada sexo, y que varían de unas sociedades a otras y en función del momento histórico. Y una vertiente individual, que se refiere a cómo cada uno vive su propio género manteniendo su individualidad con respecto a los demás, es decir, cómo uno se vive como hombre o como una se vive como mujer. En este caso hablamos de sentimientos, cogniciones y comportamientos que tienen que ver con el hecho de ser mujer u hombre. Todo este proceso se adquiere a través del desarrollo psicosocial durante las distintas etapas evolutivas de las que hablaremos más adelante.

 

La identidad sexual, se sustenta en el sexo asignado en el momento del nacimiento, aunque éste no siempre coincide con el biológico. Esto es lo que ocurre en los distintos síndromes de los que ya hemos hablado y en los casos de hermafroditismos, donde asignamos el sexo según los genitales externos en el momento del nacimiento, pero años después nos encontramos con que esa asignación no se corresponde con lo que el sujeto siente, con cómo se vive y nos plantea cuestiones acerca de la resignación de su identidad sexual y como consecuencia de su género.

Existe un período crítico, a partir del cual la resignación de la identidad sexual, ya no resulta útil y sí puede ser perjudicial, este período se sitúa en torno a los tres años de edad. Se ha pensado en los tres años, porque es a partir de este momento cuando el niño/a  comienzan a ser conscientes de su propia identidad sexual. Por eso, en los casos dudosos, conviene esperar el máximo tiempo posible antes de realizar la asignación de sexo, pudiendo ponerle al bebé un nombre neutro e intentando tratarle de forma neutra en lo relativo al sexo y al género, hasta que se le realicen las pruebas oportunas para determinar a qué sexo se le asignará y evitar así posibles errores en el futuro. Esta opción es muy difícil, puesto que los padres/madres y otras personas que rodean al bebé, no pueden evitar asignarle un sexo y en consecuencia comportarse de una u otra forma en función del mismo.

 

 

SEXO PSICOSOCIAL

 

Con el sexo psicosocial hacemos referencia a aquellos aspectos que tienen que ver con el proceso psicológico, de socialización, educacional, cultural,..., que abarca desde el momento del nacimiento hasta el último momento de vida, y en consecuencia al género, a los diferentes roles de género o roles sexuales que el niño y la niña van asumiendo a lo largo de toda su vida y que les lleva a comportarse de forma diferente el uno de la otra.

 

Consiste en una serie de adquisiciones en los distintos procesos. Adquisiciones que van a ser diferentes y características de cada una de las etapas evolutivas.

 

Hablaremos de la sexualidad desde el punto de vista evolutivo a través de las distintas etapas, por tanto dedicaremos un capítulo a la sexualidad infantil, otro a la sexualidad en la etapa adulta, a la sexualidad en la vejez, y otros capítulos que tienen que ver con las adquisiciones en la pubertad-adolescencia.

 

En primer lugar, se adquiere la identidad de género o sexual y más tarde se adquieren las conductas acordes con dicha identidad. Los roles de género o sexuales reafirman la propia identidad de género o sexual. Este proceso se lleva a cabo por medio del aprendizaje por observación e imitación de los modelos que rodean al niño/a, entre los que se sitúan el padre/madre, en los primeros años de vida, otros adultos, y ya en la etapa de la escolarización, los maestros/as, y demás compañeros/as. La importancia que se les da a unos u otros, varía en función del momento evolutivo en que se encuentra el sujeto, así, en la adolescencia estos modelos son fundamentalmente los amigos/as, ídolos, o aquellas personas a las que admiran, dejando un poco de lado a los padres/madres.

 

Lo que está claro es que los roles se aprenden, se modifican, incluso en la misma persona a lo largo de su vida, siendo más rígidos en la infancia y más flexibles a partir de la adolescencia. Este proceso se conoce como tipificación sexual.

 

Los roles sexuales o de género, se basan en estereotipos que se adoptan y por ello en la infancia se hace de forma más rígida para después flexibilizarlos y adaptarlos a nuestra propia identidad sexual o de género. Muchas veces son los propios padres/madres los que fomentan estos estereotipos, por su forma de comportarse de manera diferente con sus hijos que con sus hijas, lo que les da a entender que son diferentes, que tienen privilegios y obligaciones distintas. Esto se hace presente sobre todo si los padres/madres tienen a su vez unos roles de género rígidos, como los que se dan en las sociedades tradicionales.

 

De todos es sabido, que los roles cambian de unas sociedades a otras y también dentro de nuestra propia cultura, como hemos podido comprobar en las últimas décadas. Los roles que hoy desempeñan los hombres y mujeres adultos no tienen mucho que ver, en la mayoría de los casos, con los que desempeñaron sus padres/madres y abuelos/as.

 

Los roles de género y otros roles sociales, es decir, las formas de comportarnos socialmente, se aprenden, y es en función de esos conocimientos como aprendemos a comportarnos en nuestras relaciones interpersonales.

 

El proceso de adquisición de los roles sexuales nos lleva a formarnos nuestro propio autoconcepto, del que también hablaremos más adelante. Es una teoría que aprendemos acerca de nosotros/as mismos/as, de cómo comportarnos socialmente, que nos diferencia de los demás y nos hacen únicos e individuales.

 

Ovulación y menstruación

 

Antes de empezar a hablar de la menstruación es preciso explicar qué es un óvulo, célula que da lugar a todo el proceso, conjuntamente con el eje hipotalámico-hipofisario-gonadal, anteriormente citado.

 

El óvulo maduro es una célula redonda de 0,2 milímetros de diámetro, el tamaño de un grano de arena, aproximadamente. Su interior se halla constituido por el citoplasma, elemento portador de la vitalidad de la célula, en donde se encuentran las mitocondrias. Su núcleo se encuentra alejado del centro, y en su interior está el nucleolo o corpúsculo nuclear. En la parte exterior, el óvulo se halla rodeado por una membrana espesa y brillante alrededor de la cual hay una corona de células epiteliales. Se trata de células foliculares.

 

Para que un óvulo pueda ser fecundado requiere un proceso de maduración. Partimos de las primeras células sexuales femeninas que se denominan oogonias. Al nacer, una niña tendrá entre 200 y medio millón de oogonias en ambos ovarios, aunque de éstas sólo 300 ó 400 lograrán su maduración, a lo largo de su vida fértil. Crecen convirtiéndose en óvulos no maduros, oocitos de primer orden o primarios, que se hallan rodeados tan sólo de un estrato aplanado de células envolventes o foliculares. Al llegar a la madurez sexual (pubertad), las células epiteliales foliculares se multiplican hasta rodear al huevo formando varias capas, y éste empieza a aumentar de tamaño. Entre las células foliculares comienza a segregarse un líquido folicular, que contiene una de las dos hormonas sexuales femeninas más importantes (estrógenos), que estimulan el desarrollo de los órganos genitales femeninos y otras características físicas. El conjunto del folículo se denomina folículo de Graaf. La progresiva secreción de líquido da lugar a que las células epiteliales del folículo se dividan en dos grupos: uno que tapiza la cara interna de la formación vesicular constituida poco a poco por el folículo y otro, que rodea internamente al huevo.

 

Finalmente, la presión del líquido en el interior de la vesícula llega a ser tan grande que la pared se rompe y el contenido del folículo sale hacia las trompas de Falopio. Este proceso se denomina ovulación y sucede por lo general una vez en cada ciclo menstrual. Con él termina el período de desarrollo, sufriendo el oocito u óvulo no maduro varias divisiones. Una de las tres células resultantes de esta división es siempre de muy pequeño tamaño y se la designa con el nombre de célula polar. La otra es mayor y representa el óvulo maduro u oocito de segundo orden.

 

La ovulación ocurre aproximadamente en la mitad del ciclo. El óvulo es expulsado del ovario y comienza su emigración por las trompas de Falopio donde permanecerán de 24 a 36 horas. Si en este período el óvulo no es fecundado por un espermatozoide, muere y ya no será posible un embarazo hasta que madure otro óvulo en el ciclo siguiente.

 

En cada ovulación normalmente se libera un óvulo, turnándose de forma más o menos regular ambos ovarios. Se repiten con intervalos constantes, aunque la duración de un ciclo menstrual varía de unas mujeres a otras y también depende de factores como la edad, el estado anímico,... Este proceso se suele producir entre los doce y cincuenta y cinco años, edad en la que comienza la menopausia, aunque también es variable de unas mujeres a otras.

 

El ciclo menstrual se produce por la actuación del sistema hipotálamico-hipofisario y los ovarios (gónadas), a través de un proceso de retroalimentación, que indicará si se están dando los niveles necesarios de hormonas para que dicho proceso tenga lugar.

 

 

Este ciclo constaría de tres fases:

 

- Fase folicular: comienza con el primer día de la menstruación y termina con la ovulación (días 1 a 14). El crecimiento periódico del folículo de Graff primario es regulado por las hormonas segregadas por la hipófisis (LH y FSH). A la vez, el folículo segrega otra hormona (estrógeno), que provoca la maduración del óvulo.

 

- Fase ovulatoria: se produce sobre el día 14 (en un ciclo regular de 28 días). Es la salida del óvulo del folículo donde se encuentra, una vez que concluyó su maduración, y se introduce en las trompas de Falopio. La elevación del nivel de estrógenos al final de la fase folicular, es lo que estimula al hipotálamo a producir la descarga de LH por parte de la hipófisis. Los niveles más altos se conocen como pico de LH y se mantienen unas 24-36 horas (ovulación), descendiendo gradualmente en la fase siguiente. El hecho de que haya unos niveles tan elevados de estrógenos en el momento de la ovulación, indica al hipotálamo que debe reducir los niveles de FSH producidos por la hipófisis.

 

- Fase luteínica: el envoltorio del folículo se transforma en cuerpo lúteo o amarillo por acción de la LH,  que comienza a segregar otra hormona (progesterona) que prepara al endometrio para albergar el óvulo e impedir la maduración de otros óvulos, en el caso de que se produzca la fecundación. Cuando no hay fecundación, el nivel de progesterona  inhibe la producción de LH, que a su vez produce la desintegración del cuerpo amarillo, que deja de funcionar y de producir progesterona. Por lo tanto, el endometrio, el óvulo, y sangre de la mucosa uterina, se desprenden y expulsan al exterior, es lo que se conoce como menstruación o «regla», dando lugar a un nuevo ciclo. La menstruación se produce por una caía de los niveles de hormonas, estrógenos y progesterona.

 

La estructura de las mamas también varían cíclicamente según la secreción hormonal. En la última parte del ciclo, se pueden producir algunas modificaciones acusadas por las mujeres: retención de agua con aumento de peso, tensión mamaria, dolores de cabeza o cierta irritabilidad, son los síntomas del llamado síndrome premenstrual.

 

Otros cambios que podemos observar a lo largo del ciclo son los referentes al moco cervical, este es espeso durante todo el ciclo menos en la ovulación que es más fluido y transparente para permitir el paso de los espermatozoides hacia el óvulo y posibilitar la fecundación.

 

El fluido vaginal, también varía en su textura dependiendo de la fase del ciclo en la que nos encontremos.

 

La temperatura sube un poco justo en el momento de la ovulación y se mantiene así hasta la próxima regla, aunque dicho aumento es tan pequeño que es necesario el uso de un termómetro digital preciso para darse cuenta.

 

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